Síntesis de la hazaña y vida de Miguel Carrillo Ayala (1908 – 1965)

 Infancia y Adolescencia

Miguel Carrillo Ayala, nació el 6 de julio de 1908 en Agostitlán, Michoacán en una familia humilde sus padres fueron Avelino Carrillo Aguilar y Felicitas Ayala Malagón. Desde niño mostró grandes habilidades para la mecánica, tenia la visión de un inventor y constructor nato. A la edad de 7 años, reconstruyó una bicicleta, luego una motocicleta y algunos modelos a escala de aviones de madera, considerado como pionero del aeromodelismo en México. Sus amigos, sorprendidos por su carácter soñador, lo apodaron “Pinocho”.



 Para Miguel, era importante aprender todo lo que pudiera de mecánica, por lo que desde temprana edad iba a la terminal de autobuses para ayudar en distintas tareas a los choferes y así ampliar sus conocimientos en mecánica automotriz. En 1932 se trasladó a la Ciudad de México, con la intención de probar suerte para ingresar a los Talleres Nacionales de Construcciones Aeronáuticas para aprender más de aviones y de ser posible aprender a volar.

Después de trabajar casi un año en la Ciudad de México regresó a Zitácuaro, habiendo aprendido mecánica de aviación, sin tener la misma suerte en lo que respecta a volar, ya que, en ese tiempo, esa carrera estaba reservada solo para los hijos de gente pudiente y/o familiares de políticos y funcionarios de gobierno. Sin embargo, era tanta su ilusión de aprender a volar qué con su perseverancia, consiguió que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes le otorgara un permiso para realizar prácticas de vuelo.

                               


Construcción del avión “Pinocho”

En 1933, Miguel de 25 años, inició con el proceso de construcción de su propio avión, lo que era su prioridad y máximo sueño. Empezó con la investigación de materiales, equipos y otros elementos necesarios para la fabricación del aeroplano, se dedicó a planificar, revisar y traducir las especificaciones y dimensiones de los planos que tenía. Los que obtuvo de una revista llamada “Popular Mechanics” que correspondía a un modelo de avión llamado “Pietenpol Air Camper” diseñado por un norteamericano.

Para el financiamiento de su proyecto, Miguel pidió dinero prestado a sus amigos, vendió su casa y parte del dinero lo utilizó para comprar madera. La cual mantuvo sumergida en un rio durante seis meses, con la finalidad de desflemarla, curarla, y posteriormente tratarla contra las termitas y otras plagas. A la par con la ayuda del mecánico José Zepeda se dio a la tarea de buscar un motor de carro para ese propósito, consiguiendo un Ford modelo “A”-1930 al cual le hicieron varias modificaciones. También se apoyó de su novia y tía para coser el forro de las alas, fuselaje y alerones con tela “manta de indio”, una vez terminado el forrado procedió a pintar con un pegamento transparente llamado “dulok”, lo que le daba a la aeronave características en dureza. y resistencia.

Con apoyo económico de Héctor Tregoni “el Conde”, Miguel fue a la Ciudad de México a que le fabricaran la hélice en los talleres Anáhuac de acuerdo con el diseño y especificaciones que requería el avión. Debido a que la hélice que había labrado el maestro Armando Manjarréz era muy pesada.

Después de casi dos años, Miguel vio concluido su sueño. La construcción del avión “Pinocho” en honor al sobrenombre que lo acompañaba desde joven, supuestamente porque lo consideraban un mentiroso, no porque lo fuera, sino que no le creían cuando les decía qué construiría su propio avión y lo volaría personalmente.


Sin embargo, el “Pinocho” se construyó con dos defectos técnicos: el primero fue que el radiador lo pusieron en una parte que le quitaba visibilidad al piloto y en segundo el tren de aterrizaje era angosto y carecía de buena estabilidad lo que dificultaba el manejo y control del avión.

Sus practicas y su primer vuelo en el “Pinocho”

Como un homenaje el avión fue rotulado con la figura y nombre del muñeco de madera “Pinocho”, así como con la máscara del cacique “Cuanicuti” perteneciente a los indígenas purépechas del estado de Michoacán. 

 Miguel, antes de iniciar su vuelo final, se dedicó a realizar pruebas en al avión, maniobrándolo y rodándolo sin despegar, en las cuales se percató de que el tren de aterrizaje era demasiado duro y no era recomendable intentar volar y aterrizar. Dándose a la tarea de hacer algunos cambios y correcciones al sistema del tren de aterrizaje.

Con sus conocimientos autodidactas, más lo que pudo aprender en su estancia en México, logro controlar totalmente el avión en tierra, habiendo logrado algunos despegues y aterrizajes. Miguel tomo la decisión de trasladar su avión vía tren a la ciudad de Morelia en donde había una base aérea militar, solicitándole apoyo al comandante de la base para que le diera unas horas de práctica de vuelo. Por lo que a mediados de febrero de 1936 regresó volando su propio avión a Zitácuaro, durante el aterrizaje sufrió un accidente debido a que, para evitar arrollar a las personas que se encontraban obstruyendo la pista de aterrizaje, tuvo que desviar su avión hacia la milpa rompiéndose una rueda y parte del ala del avión.

El Vuelo final de Miguel Carrillo Ayala, en su avión “Pinocho”

Después de tres meses de reparaciones, el avión quedó completamente listo. Con escasos conocimientos de aeronáutica y sin mapas ni instrumentos de navegación Miguel se dedicó a trazar la ruta que seguiría. El 14 de mayo de 1936, voló de Zitácuaro a la Ciudad de México, realizando una escala en Villa del Carbón, Estado de Mexico, debido a la intensa neblina que le obstruyó la visibilidad y también la falta de instrumentos que le indicaran el rumbo correcto. Finalmente aterrizó alrededor de las 1000 horas en el aeropuerto de Balbuena. Este hecho fue reconocido como el primer vuelo de un avión civil construido en México con materiales nacionales y piloteado por su propio creador.

El departamento de aeronáutica civil reconoció el mérito de Miguel y solicito a las autoridades correspondientes que, se le otorgara la medalla “Emiliano Carranza” máxima condecoración en el ámbito de la aviación, por su gran labor dentro de la aviación en México.

Dos días después, como premio a su gran hazaña por orden del presidente Lázaro Cárdenas causo alta como como subteniente auxiliar de caballería en el Departamento de Aeronáutica, comisionado en la Escuela Militar de Aviación.

Al termino de sus estudios el 10 de marzo de 1938, Miguel presentó la tesis titulada ”La aviación militar en México. Entrenamiento del personal y producción y conservación del material”, para recibirse como teniente piloto aviador.

El 19 de mayo de 1939, Miguel participó en la pacificación del estado de San Luis Potosí durante la rebelión cedillista. Esto le sirvió para que fuera ascendido a Capitán Segundo piloto aviador por méritos contraídos en campaña.

El 2 de mayo de 1942, por órdenes del Secretario de la Defensa Nacional Miguel fue enviado a La Paz, Baja California para integrar el escuadrón aéreo 203 el cual tenía como finalidad patrullar las costas mexicanas y salvaguardar la soberanía nacional ante cualquier ataque del exterior.

El 3 de abril de 1958, el Secretario de la Defensa Nacional, General de División Matias Ramos Santos, expidió la patente de Capitán 1/o. Piloto Aviador por haber cumplido con los requisitos de la promoción general.

Después de su retiro de la Fuerza Aérea, la salud de Miguel se vio afectada por cáncer hasta que falleció el 16 de junio de 1965, a los 57 años, dejando un legado como pionero de la aviación civil en nuestro país.

Actualmente, la versión original del avión “Pinocho” se encuentra exhibido en el Museo Militar de Aviación (Sta. Lucía Edo. Méx.)

Referencias:

         Pérez, M. G. (1988). Pinocho, una pagina en la Historia de la aviación mexicana. Morelia, Michoacán: Morevallado.

     Maya, D. C. (2026) Síntesis de la vida y hazaña de Miguel Carrillo Ayala, Gobierno de México: Síntesis de la hazaña y vida de Miguel Carrillo Ayala | Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México | Gobierno | gob.mx


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