El Ingeniero en Aeronautica Juan Guillermo Villasana y la creación de la hélice “Anáhuac”

La historia de la aviación en nuestro país inició el 8 de enero de 1910 con el primer vuelo realizado por Alberto Braniff Ricard sobre los Llanos de Balbuena. A partir de ese momento comenzaron a consolidarse diversos personajes considerados pioneros de la aviación. Entre ellos se encontraban Francisco Santarini y el ingeniero en aeronáutica Juan Guillermo Villasana López, creador de la hélice “Anáhuac”; un desarrollo tecnológico que permitió a las aeronaves volar con mayor eficiencia sobre altitudes, como las ciudades de México, Pachuca y Toluca. Por su avanzado diseño es considerada como su mayor logro aeronáutico.

Juan Guillermo Villasana nació el 10 de febrero de 1891 en Pachuca de Soto, Hidalgo. Estudió en el Instituto Científico y Literario de esa ciudad, y en 1910, continuó su formación en la Escuela Nacional de Ingenieros y en la Escuela Nacional de Artes y Oficios para Hombres (ENAOH). Convirtiéndose en uno de los primeros ingenieros en aeronáutica en México. En esa época, la aeronáutica era una nueva disciplina que buscaba resolver el problema del vuelo con aparatos más pesados que el aire, como el aeroplano. Para ello no sólo bastaba con tener dos superficies planas y un motor, se tenían que aplicar elementos de la física para que fuera posible el vuelo.

 Debido a que en México no había instituciones educativas que impartieran conocimientos en aeronáutica; por ello fue que Villasana recorrió distintas escuelas en las que tomaba materias que le sirvieran para la creación de ingenios voladores, como física y matemáticas, de tal forma que su formación fue autodidacta.

Desde 1911, Villasana realizó estudios, diseños y pruebas de diferentes tipos de hélices. En 1915 presentó a la jefatura de los Talleres Nacionales de Construcciones aeronáuticas (TNCA) los dibujos y cálculos de ingeniería sobre una hélice de su invención. Ese mismo año, con la creación del Departamento de Aeronáutica y los TNCA en los Llanos de Balbuena, estas instalaciones fueron parte fundamental en el desarrollo aeronáutico del país.

En 1915 Santarini, Villasana y Poverejsky, trabajaron en el desarrollo de dos proyectos: el primero consistía en fabricar aviones adecuados para volar a la altura del valle de México; y el otro hacer motores de aviación.

 

Motor francés “Le Rhone”

Con respecto a los trabajos realizados en los TNCA, se pueden establecer diferentes etapas de construcción aeronáutica. En la primera, de 1915 a 1921, bajo la dirección de Francisco Santarini y Guillermo Villasana se diseñaron y construyeron los aeroplanos Series A, B, C y H, así como, motores radiales enfriados por aire, “Áztatl” de 80 caballos de fuerza y 6 cilindros, el SS de 10 cilindros con 150 caballos de fuerza y algunos otros basados en los aviones Blériot y Deperdussin franceses.

En 1916, el Teniente Coronel Piloto Aviador Alberto Salinas, Jefe del Departamento de Aeronáutica de la Secretaría de Guerra “…explicó los problemas que presentaban las hélices europeas en Mexico…”. El cual consistía básicamente en que, cuando el aeroplano carreteaba por tierra la hélice europea funcionaba muy bien, pero a medida que el avión se elevaba esta perdía su eficiencia. Villasana creía que, para desarrollar la aviación en México debía tener la capacidad de diseñar y construir aviones, pero además los aeroplanos debían ser adecuados a la altura de los valles, de las montañas y orografía del país.

Una hélice era una pieza de madera con dos palas que se usaba en los primeros aviones, que al hacerla girar, empujaba el aire hacia atrás lo que producía un empuje que hacía avanzar a la aeronave. Ese movimiento de aire pasaba por encima y por debajo de las alas, generando la presión necesaria para que el avión pudiera volar.

 

Hélice Anahuac 

El 6 de septiembre de ese mismo año, Villasana se desempeñaba en los TNCA como encargado de la construcción de hélices. Consiente de la problemática, Villasana explicó que el problema se presentaba por las variaciones de presión y temperatura atmosféricas, que eran inversamente proporcionales a la altura: es decir, que, sobre el nivel del mar, la presión y la temperatura descienden, lo que opone mayor resistencia y avance del aeroplano. En palabras simples a mayor altitud menor rendimiento de la hélice de la aeronave.

El gobierno de Carranza aprobó la construcción de la hélice en los Talleres de la ENAOH y bajo la dirección de Villasana junto con el obrero del Taller de Carpintería Jesús Lemus, se presentó la primera hélice el 10 de octubre de 1916. Para el 19 de octubre, se probó en vuelo con un biplano Huntington batiendo el record de altura de 5,288 metros sobre el nivel del mar mismo qué ninguna hélice extranjera había podido alcanzar, estableciendo record de resistencia y de altura en el mundo. 

La hélice fue bautizada con el nombre de “Anáhuac”, debido a que nació para volar en el Valle de Anáhuac. El primer modelo experimental se probó y mejoró hasta que se pudo fabricar en serie en los TNCA. El desempeño de la hélice fue excelente, y las crónicas de época decían que ofrecía mejor rendimiento, en las elevadas altitudes del Valle de México, que las hélices importadas. Dicha hélice se regaló a la Escuela Militar de Aviación de Buenos Aires, al Aero Club Argentino y al Cuerpo de Aviación Imperial Japonés.

La hélice “Anáhuac” fue un gran avance tecnológico en nuestro país, ya que permitió que aviones que no podían volar sobre grandes altitudes como la Ciudad de México, o cuyo rendimiento era escaso, logrando volar de manera eficiente. Juan Guillermo Villasana falleció el 23 de febrero de 1959, dejando una aportación fundamental en la historia de la aviación mundial y nacional.

Avión serie “H” con motor Aztatl y hélice Anáhuac


Referencias:
Miranda, F. L. (2018). El desarrollo de la ciencia aeronáutica en México. El caso de Juan Guillermo Villasana y la hélice Anáhuac. Revista Inclusiones: Revista de Humanidades y Ciencias Sociales, 5(22), 278-307.

Miranda, F. L. (2021). Estilos nacionales de diseño y construcción de aeroplanos y repuestos aeronáuticos El caso de los TNCA en México, 1909-1929. Saberes. Revista de historia de las ciencias y las humanidades, 4(10), 109-143.




 


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